Disgrafía - Trastornos que afectan a la Escritura

Se entiende por Disgrafía cualquier trastorno que afecte a la Escritura, ya sea desde el punto de vista del contenido de lo escrito como de la forma de las letras en sí. En el primer caso hablamos de Disgrafía Léxica, mientras que en el segundo nos referimos a la llamada Disgrafía Motriz o Caligráfica

La Disgrafía Léxica reúne todo el conjunto de rasgos que afectan directamente a la formación de las palabras. Las características básicas a través de las que se manifiesta son:

  • Omisión de letras, sílabas o palabras: Generalmente las omisiones de letras son más frecuentes al final de sílaba (por ejemplo, “fata”, en lugar de “falta”) y de palabra (omisión de “s” en los plurales) y aparecen con más asiduidad que las omisiones de sílabas y más aún que las omisiones de palabras.
  • Confusión de letras con sonidos o grafías semejantes: Suele producirse cuando no están bien integrados la totalidad de los fonemas de la lengua. La confusión de sonidos con otros semejantes es propia de una Dislexia Auditiva, mientras que la confusión de grafías semejantes como por ejemplo la “b” y la “d”, o la “p” y la “q”, se producen en la Dislexia Visual, donde el alumno es capaz de visualizar en tres dimensiones cada letra y moverlas en el espacio de su imaginación, dándoles la vuelta con toda facilidad.
  • Inversión o trasposición en el orden de las sílabas: Por ejemplo, “lladama” en lugar de “llamada”.
  • Invención de palabras
  • Agregado de letras o sílabas
  • Unión o separación incorrecta de palabras: Este rasgo es de los más difíciles de corregir, pues resulta complicado explicar de forma inteligible que hay secuencias que, en unas ocasiones, funcionan como palabras sueltas y, en otras, como parte integrante de otra palabra. Es el caso de muchas preposiciones (a, de, en…) o determinantes (el, un, la…). Así, podemos encontrarnos con ejemplos como los siguientes: “Voy ami casa”; “Quiero un caramelo dementa”; “Voy ala cama”

En cuanto a la Disgrafía Motriz o Caligráfica, consideramos que se refiere a todos aquellos trastornos que afecten a la forma de la letra, es decir, a la grafía en sí misma; así como a la disposición del cuerpo del texto sobre un soporte. Sus características más frecuentes son:

  • Trastornos de la forma de las letras: En especial, cuando la distorsión de los trazos da como resultado una grafía ilegible
  • Trastorno del tamaño de las letras: Letra demasiado grande o pequeña
  • Deficiente espaciamiento entre las letras: Grafías apelmazadas que dificultan la inteligibilidad
  • Inclinación defectuosa de renglone: Tanto en sentido ascendente como descendente o con alternancia de ambas formas. Esta característica depende mucho de la posición del papel respecto al escribiente. Normalmente lo adecuado suele ser un ángulo de 45º respecto a la mesa, de forma que el brazo de la mano que escribe quede en paralelo con el folio
  • Trastornos en la presión de la escritura: Se suelen producir como consecuencia de una tensión excesiva en la sujeción del útil de escritura. La tensión puede originarse en el hombro, debido a una postura inadecuada y bajar por el brazo hasta la mano que escribe. También la presión insuficiente por falta de fuerza en las manos, puede motivar que el lápiz o bolígrafo se mueva dando lugar a una escritura “floja” e insegura. En ocasiones, una presión excesiva puede estar encubriendo una falta de fuerza en las manos, que se manifiesta en una presión excesiva pero inadecuada por falta de control
  • Trastornos en la fluidez del ritmo escritor
  • Trastornos en la direccionalidad de los giros: Realizar las letras en el sentido contrario del habitual, como por ejemplo la “o” en el sentido de las agujas del reloj
  • Alteraciones tónico – posturales: Que motivan muchos de los otros aspectos arriba mencionados
  • Incorrecta posición de la pinza: Aspecto íntimamente unido a la falta de fuerza en las manos. En la práctic,a encontramos reticencias por parte de los alumnos a la hora de cambiar algo que han estado haciendo de una determinada manera durante toda su vida, especialmente porque cualquier otra forma de sujetar el lápiz que no sea la suya propia, a la que están acostumbrados, les resulta particularmente incómoda

La edad a la que se puede considerar que la letra de un alumno presenta “Disgrafía” en sentido estricto, está en torno a los 7-8 años, según la mayor parte de los estudiosos. Hasta entonces, se pueden encontrar rasgos propios de la inmadurez de la edad temprana del niño y, en algunas ocasiones, síntomas que nos pueden llevar a plantearnos una prevención para evitar futuros problemas de Disgrafía

Para decir que existe una Disgrafía, no es necesario que existan todos los rasgos mencionados anteriormente. Es más, podemos afirmar que es muy difícil que se den todos en un solo alumno

Tampoco hay una regla fija acerca de cuántos rasgos y en qué medida son indicativos de la existencia de una Disgrafía. Pero, en general, se entiende que existe un problema cuando la cantidad y gravedad de los rasgos existentes dan lugar a una letra ilegible